miércoles, 30 de marzo de 2016

La Fisioterapia



Una vez hecha una pequeña presentación, creo que deberíamos empezar a hablar de nuestra profesión, la fisioterapia.
Recuerdo que, por muy pelota que parezca, desde pequeño me fascinaba esta profesión. Y es que siempre he militado en el club de fútbol de mi pueblo, Tomares, y en él hubo un entrenador que me marcó mucho tanto deportiva como profesionalmente, y él la ejercía. Así que en cualquiera de las lesiones que he tenido y que él me trataba, me encantaba ese mundo de lesiones y deporte, de poder dedicar tu vida a ayudar en un ámbito tan bonito y que tanto me aportaba.
Así, me fue guiando para seguir un bachillerato de ciencias de la salud y conseguir llegar a esta carrera aun teniendo nota para otras carreras que a otra gente les suele ‘gustar más’ o son ‘más famosas’.
Así inicié mi andadura por la Fisioterapia. Con muchas expectativas por cumplir así como con grandes dudas sobre qué me depararía el mundo universitario, principalmente el ambiente que tendría.
En cuanto a esto ni las mejores expectativas que pudiese tener sobre los compañeros y profesorado se acercarían a la gran familia que aquí hemos encontrado. Y es que comentando con otros amigos sobre las relaciones interpersonales en otras carreras, nadie se acerca ni por asomo al nivel de amistad alcanzado aquí. Y es que no es normal ver salir juntas a más de veinte personas cada vez que planteamos cualquier tipo de plan.
En cuanto a la Fisioterapia en sí, debo reconocer que el cerco laboral que mi mente tenía se limitaba básicamente al mundo y ámbito deportivo, sin llegar a ver mucho más allá de las lesiones típicas como esguinces, luxaciones o fracturas, tanto en su tratamiento como en la rehabilitación para proseguir de una manera normal la práctica deportiva al nivel que tuviese nuestro paciente anteriormente.
Pero, después de casi tres años, y con aproximadamente uno sólo restante para convertirme en graduado (si todo va bien), estas posibilidades laborales se han visto bastante incrementadas. No sólo en cuanto al ámbito deportivo, que también, sino una serie de campos en los que cuando inicié esta aventura no podría ni imaginar.
Quién me diría a mí, hace unos tres años, que iba a estar en la unidad de amputados del Hospital Virgen del Rocío, por ejemplo. Y menos que me fuese a gustar tanto como lo ha hecho, y que no me produjese ningún tipo de sensación negativa ver este tipo de pacientes o tratarlos. De hecho, creo que de momento ha sido la estancia que más me ha gustado.
Tampoco me imaginaba en una sala de rehabilitación de Fisioterapia en uno de los grandes hospitales con tanta gente y con el buen ambiente que se respira, aunque fuese más o menos fácil de dilucidar que tendría prácticas así.
Otros ámbitos que me han llamado la atención son la unidad de Linfedemas, donde realmente hay historias duras y el calor humano es indispensable, o grupos de rehabilitación de patología vertebral, o grupos de pacientes que aún no he tenido la oportunidad de tratar en prácticas clínicas como los pacientes neurológicos, quemados, encamados, pacientes infantiles o bien en geriatría.
Para mí, aunque puedan existir mínimas preferencias entre uno y otro, he de decir que esa labor de ayudar a gente que lo necesita me encanta, y tres años después, decirle a mi yo del pasado que no se equivocaba en absoluto con su elección, que si tuviese que volver a elegir, haría la misma una y otra vez.
Así que por ahora, a seguir disfrutando de lo poco que queda y en la medida de lo posible seguir abriendo ese abanico de posibilidades laborales y terapéuticas para encauzar mi vida una vez graduado.

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